una mirada psicológica a la vitalidad que permanece

Por: Juanita González y Alejandra Cantillo

La edad en el cuerpo, no en el alma

A cierta edad, comenzamos a notar cómo el cuerpo nos habla con más insistencia: una rodilla que duele al subir escaleras, un cansancio más rápido, una piel que ya no responde igual. Y aunque muchos lo toman como señales de declive, hay algo dentro que permanece intacto. Algo que no se arruga, ni se agota, ni se vuelve viejo: el alma.

Ese centro cálido que sigue soñando, deseando, sintiendo, buscando… sigue ahí. Aun cuando la sociedad a veces nos quiera convencer de que “ya es hora de parar”, dentro de nosotros puede encenderse una fuerza vital que no conoce calendarios.

Desde la psicología, podemos reconocer que, aunque el ciclo vital transforma nuestras capacidades físicas y cognitivas, hay dimensiones de la persona que se conservan —e incluso se fortalecen— con los años. Esta es una invitación a volver la mirada hacia esas fuerzas internas que, lejos de envejecer, se hacen más sabias, más profundas… más alma.

Lo que cambia… y lo que permanece

En la madurez, aprendemos a soltar expectativas externas. Ya no estamos obligados a demostrarle nada a nadie. Esto libera una energía que puede volverse creatividad, generosidad, contemplación o propósito renovado.

Sí, el cuerpo envejece, y con él ciertas funciones. Pero la capacidad de amar, de asombrarse, de agradecer, de reír con ganas o de conmoverse hasta las lágrimas ante una melodía… esas no se marchitan. El alma se expresa en esos momentos donde somos plenamente humanos, más allá del tiempo.

Desde la psicología existencial y humanista, entendemos que las personas mayores pueden vivir una etapa de gran riqueza emocional y espiritual si logran reconectar con lo que les da sentido. Es el momento de integrar lo vivido, reconciliarse con lo que fue, y abrirse a lo que aún puede ser.

El peligro de identificarnos solo con lo perdido

Una de las trampas más sutiles del envejecimiento es creernos que “ya no somos” lo que fuimos. Como si al jubilarse, al enviudar, al dejar de ser el centro de una familia o de un rol social, también desapareciera el valor interior.

Pero la verdad es que el alma no necesita currículums ni ocupaciones para tener sentido. Su sabiduría está en la profundidad, no en la productividad.

La psicología positiva ha mostrado que la percepción subjetiva de bienestar en personas mayores depende más del sentido de propósito, la conexión afectiva y la autorrealización que de la salud física en sí misma. En otras palabras: envejecer no significa apagarse, sino reconfigurarse desde otro lugar.

Una nueva manera de habitar el tiempo

Quizás ahora los días transcurren con más calma. Ya no hay apuros por cumplir metas externas. Y esa lentitud, en vez de ser vista como pérdida, puede ser una puerta: a escuchar con más atención, a saborear una charla sin prisa, a escribir una carta, a acompañar a alguien en silencio, a mirar la luz del atardecer sin tener que correr a ningún sitio.

En esta etapa, se abre la posibilidad de vivir el tiempo como presencia, no como urgencia. Y esto puede ser profundamente transformador para el alma.

Cultivar espacios de interioridad —como la meditación, la escritura, el arte, la contemplación o el simple estar consigo mismo— permite reconectar con esa parte de nosotros que nunca ha envejecido, que aún vibra con lo verdadero y lo simple.

¿Cómo alimentar un alma que quiere seguir viva?

Desde un enfoque psicológico centrado en la persona, podemos sugerir algunas claves para nutrir esa vitalidad interior:

  • Vínculos auténticos: seguir abriendo el corazón a los demás. No aislarse. Buscar espacios de conexión afectiva, desde una conversación hasta un grupo de lectura o un paseo compartido.
  • Creatividad cotidiana: hacer algo nuevo, aunque sea pequeño. Cocinar una receta diferente, escribir recuerdos, probar con acuarelas, cantar, plantar una semilla.
  • Autenticidad sin excusas: dejar de aparentar. Vivir más desde lo que somos, no desde lo que los demás esperan.
  • Sentido de trascendencia: encontrar algo que nos vincule con un propósito mayor. Puede ser ayudar a otros, transmitir lo aprendido, cuidar de algo o alguien, abrazar la vida espiritual.

El alma se vuelve más clara con los años

Querida lectora, querido lector: si a veces dudas de ti, si te preguntas si aún tienes algo para dar, si crees que “ya no es tu momento”, recuerda esto:

El alma no envejece. Lo que hay en ti de esencia, de ternura, de sabiduría, de presencia amorosa… sigue vivo.

No dejes que el mundo te diga lo contrario. En esta etapa puedes mirar más hondo, tocar más suavemente, hablar más desde la verdad, reír sin tanto filtro y amar con más hondura.

Y eso es precisamente lo que más necesita el mundo: personas que, desde la experiencia, sigan siendo semilla.

@volveravivirconsentido

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Bienvenido a Volver a Vivir con Sentido

Volver a vivir con sentido» es un espacio creado por Lila, después de una vida dedicada al trabajo, los proyectos y el acompañamiento de otros. Hoy, desde la serenidad y la experiencia, comparte su deseo de vivir de una forma más auténtica y plena, recordándonos que después de los 60 no se apaga nada: al contrario, comienza lo mejor. Este blog es una invitación a reconectar con lo esencial, nutrir el alma y descubrir nuevas maneras de dar, crear y amar.