La psicología de los días que no gritan
Un acercamiento terapéutico al valor emocional de lo
cotidiano en la vida adulta mayor
Introducción
En consulta, muchas personas mayores de 60 años relatan una sensación creciente
de que “todos los días parecen iguales”. Detrás de esa frase, a veces se esconde cierta
nostalgia… pero también una oportunidad: la posibilidad de reencontrarse con lo
simple como fuente de plenitud.
Este artículo parte de esa experiencia para proponer una mirada terapéutica distinta:
la belleza emocional que puede surgir de los días sin sobresaltos, de lo predecible, de
lo común. Es allí, justamente, donde la mente encuentra espacio para descansar, y el
alma, para agradecer.
Lo común no es lo mismo que lo vacío
Desde la psicología del bienestar sabemos que el ser humano no necesita estímulos
constantes para sentirse vivo. Al contrario, el exceso de novedad o de urgencia puede
llevar al estrés, la fatiga mental y la sensación de pérdida de control.
En la adultez mayor, el ritmo desacelera. Y lejos de ser un déficit, esto puede
convertirse en un recurso emocional poderoso:
• Reduce la sobrecarga sensorial.
• Facilita el procesamiento emocional.
• Permite recuperar el foco en el presente.
• Refuerza la conexión con lo esencial.
Un día común, entonces, no es un día perdido. Es un día donde la mente puede
respirar.
Neurociencia y atención plena: lo que vemos, nos transforma
Las investigaciones en neurociencia han demostrado que cuando prestamos atención
consciente a lo que nos rodea —aunque sea rutinario— se activan áreas cerebrales
relacionadas con la gratitud, la calma y la regulación emocional.
Por ejemplo, observar el vapor de una taza de café, o sentir la brisa en la cara durante
una caminata tranquila, activa el sistema parasimpático, asociado al descanso y la
digestión. Es decir: nos reparamos al contemplar lo que antes pasábamos por alto.
Practicar esta “presencia amable” puede convertirse en una forma de autocuidado
emocional diaria, accesible y poderosa.
Lo predecible como ancla emocional
Muchas personas mayores se enfrentan a pérdidas, cambios en la rutina o en sus redes
de apoyo. En ese contexto, la predictibilidad de los días comunes puede ofrecer un
valioso sostén psicológico.
• El ritual del desayuno.
• La voz de una vecina cada mañana.
• La silla favorita junto a la ventana.
Estos elementos construyen lo que en psicología llamamos referencias de seguridad
emocional. Lugares, objetos y rutinas que nos recuerdan que el mundo sigue allí… y
que seguimos habitándolo.
Cómo cultivar la belleza del día común: recomendaciones prácticas
Desde una perspectiva terapéutica, aquí algunas prácticas sencillas que ayudan a
resignificar lo cotidiano:
• Atención selectiva positiva. Elige al menos un detalle cada día para observar
con atención plena: un aroma, un color, un sonido. Escríbelo o compártelo.
• Ritual de presencia. Crea un pequeño ritual diario (una bebida, una caminata
corta, un saludo) y dale el valor de ceremonia. La repetición consciente genera
calma.
• Diario de lo mínimo. Lleva un cuaderno donde registres momentos pequeños
pero significativos. Con el tiempo, se transforma en un mapa de gratitud.
• Integra los sentidos. Cuando hagas algo simple (regar una planta, lavar una
taza, tender la cama), hazlo sin distracciones. La mente se apacigua al sentir.
Conclusión
Desde la psicología del envejecimiento activo, comprendemos que no se trata de llenar
cada día de eventos, sino de vaciar la expectativa de lo espectacular, para encontrar lo
valioso en lo habitual.
La belleza del día común no es menor. Es sutil. Es sabia. Es suficiente.
Y, a veces, es justo lo que el alma necesitaba.


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