Cuando elegir la ternura es un acto de fortaleza

emocional

En la adultez mayor, la ternura ya no es un riesgo: es una

elección libre.

La fuerza no siempre hace ruido

Muchas personas que llegan a la etapa de la adultez mayor han atravesado la vida

guiada por una idea muy clara de lo que significa ser fuerte. Han aprendido a soportar,

a sostener, a aguantar el dolor sin mostrarlo. Durante años, la fuerza se confundió con

no llorar, con no pedir ayuda, con seguir adelante a pesar de todo.

Pero con el paso del tiempo, esa definición empieza a sentirse estrecha, incluso

injusta.

En la consulta psicológica, es cada vez más frecuente encontrar personas mayores

que se descubren a sí mismas deseando otra forma de estar en el mundo, una

forma más suave, más auténtica, menos defensiva.

En muchos casos, esa transformación lleva un nombre: ternura.

El malentendido sobre la ternura

Culturalmente, la ternura ha sido asociada con la infancia, lo femenino, lo débil o lo

ingenuo. Por eso, muchas personas adultas —en especial quienes han vivido con altos

niveles de exigencia, responsabilidad o cuidado de otros— aprendieron a esconderla.

Desde la psicología del bienestar emocional, esto tiene una explicación:

las emociones que no se validan, se reprimen, y cuando una persona asocia la

ternura con debilidad, la oculta incluso de sí misma.

Pero la ternura no es una emoción en sí, sino una forma de expresión emocional que

implica presencia, aceptación, compasión y respeto por la vulnerabilidad propia y

ajena. Y todas esas son funciones profundamente humanas… y profundamente

sanadoras.

Ternura: una fortaleza psicológica madura

Elegir ser tierno en la adultez mayor no es involucionar, como a veces se teme, sino

evolucionar hacia una forma más consciente de relacionarse consigo mismo y con

los demás.

En términos psicológicos, la ternura es una manifestación de:

• Regulación emocional madura: no actuar desde el impulso, sino desde la

conexión emocional.

• Autocompasión: hablarse internamente con cariño, sin juicios duros.

• Empatía activa: sostener emocionalmente a otros sin necesidad de

resolverles la vida.

• Vínculos seguros: establecer relaciones basadas en la aceptación y no en la

defensa o la distancia.

Y sobre todo, es una manera de mostrar fortaleza desde lo humano, no desde la

rigidez.

Cuando la ternura aparece, algo sano está despertando

Hay momentos en que una persona mayor se sorprende a sí misma llorando con una

escena sencilla, sintiendo ternura por alguien que antes le habría irritado, o

hablándose con menos dureza al cometer un error.

Lejos de ser una señal de “debilidad emocional”, eso puede ser un indicio de

crecimiento interior.

En psicoterapia, observamos que las personas que atraviesan duelos, procesos de

perdón o etapas de transición vital (como la jubilación, la viudez o el «nido vacío»)

pueden reconectar con la ternura como una herramienta de reconstrucción del yo.

Y eso es profundamente valioso.

¿Cómo cultivar la ternura como fortaleza?

Desde un enfoque práctico, estas acciones pueden ayudarte a recuperar o fortalecer

la ternura en tu vida cotidiana:

• Habla contigo mismo como lo harías con alguien a quien amas

profundamente.

• Reconoce tus límites sin culpa ni juicio.

• Haz pausas para observar gestos cotidianos que sostienen: una mirada, una

mano, una presencia.

• Permítete llorar, reír o emocionarte sin cuestionar si “es mucho” o “es

poco”.

• Ofrece gestos de ternura sin esperar reciprocidad.

Recordar que la ternura no es algo que se exige, sino algo que se permite, puede

cambiar la forma en que te relacionas con el mundo y contigo mismo.

Conclusión: la ternura como sabiduría emocional

En esta etapa de la vida, muchas cosas se simplifican. Ya no hay que probar tanto.

Y en esa simplificación, la ternura puede ocupar un lugar más justo y pleno.

Desde la psicología clínica, invitamos a reconocer que la ternura también es fuerza:

una fuerza que no necesita imponerse, que no se mide en logros,

que no depende del reconocimiento externo.

Es una fuerza silenciosa, pero profundamente transformadora.

Y cuando una persona mayor la abraza con libertad, algo muy bello ocurre:

vuelve a habitarse con dignidad y con alma.

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Bienvenido a Volver a Vivir con Sentido

Volver a vivir con sentido» es un espacio creado por Lila, después de una vida dedicada al trabajo, los proyectos y el acompañamiento de otros. Hoy, desde la serenidad y la experiencia, comparte su deseo de vivir de una forma más auténtica y plena, recordándonos que después de los 60 no se apaga nada: al contrario, comienza lo mejor. Este blog es una invitación a reconectar con lo esencial, nutrir el alma y descubrir nuevas maneras de dar, crear y amar.