Sigo siendo semilla

Una mirada desde la psicología del bienestar a los ciclos

de vida y transformación en la madurez

El poder de la semilla en cada etapa

Hay etapas en la vida en las que parece que todo se detiene. Proyectos que ya no

florecen, relaciones que se transforman o desaparecen, rutinas que pierden sentido. A

los 60 o 70 años, muchas personas sienten que “lo importante ya pasó” o que “ya

hicieron su parte”. Sin embargo, desde la psicología del bienestar sabemos que la

percepción de plenitud no está ligada a la edad, sino a la capacidad de conectarse con

el presente y con la posibilidad de seguir transformándose.

Ser semilla no es solo cosa de la juventud. Sigo siendo semilla significa reconocer que

incluso en la etapa de mayor madurez hay algo nuevo por nacer dentro de mí.

La madurez como terreno fértil

La madurez trae consigo algo invaluable: experiencia, mirada más amplia, tolerancia a

la espera y una mayor conciencia de lo que realmente importa. Todo eso hace del alma

un terreno fértil. Puede que ya no tengamos la energía física de antes, pero tenemos

algo más sutil: una energía interior que ha aprendido a moverse con sentido.

Desde la psicología positiva, se ha demostrado que las personas mayores pueden vivir

niveles más altos de bienestar cuando cultivan metas significativas, relaciones

empáticas y una actitud de apertura a lo nuevo, aunque sea en forma de pequeños

brotes.

¿Qué puede germinar aún?

Una pregunta poderosa en esta etapa es:

¿Qué partes de mí aún no han florecido?

A veces se trata de un talento no explorado, una vocación dormida, un deseo antiguo

que quedó pendiente o una forma distinta de vivir la vida. La etapa de la siembra no

siempre se ve agitada o visible. Muchas veces sembramos en silencio: cuando

aprendemos algo nuevo, cuando elegimos cuidar con más ternura, cuando abrimos el

corazón otra vez.

Psicológicamente, este proceso de renovación activa áreas del cerebro vinculadas con

la motivación y la plasticidad emocional. A cualquier edad, el alma puede germinar

nuevas formas de ser y estar en el mundo.

Cómo nutrir la semilla

Podemos pensar en cinco claves para mantenernos en modo semilla:

1. Curiosidad: preguntarnos cosas nuevas, explorar intereses, mirar con ojos de

principiante.

2. Flexibilidad: soltar lo que ya no sirve, aunque haya sido útil por años.

3. Propósito: sentir que lo que hacemos importa, aunque sea en una escala

íntima o cotidiana.

4. Autocompasión: tratarnos con ternura cuando sentimos que no “avanzamos”

como quisiéramos.

5. Cuidado emocional: rodearnos de personas, espacios y pensamientos que

nos nutran.

Estas prácticas no solo elevan el bienestar psicológico, sino que refuerzan la

autoestima, el sentido de continuidad y la percepción de tener un lugar activo en el

mundo.

Sigo siendo semilla: un mantra de vida

La frase “sigo siendo semilla” puede convertirse en un mantra. No importa la edad, la

circunstancia o el ritmo. Siempre hay algo que aún puede nacer en nosotros. Y en

ocasiones, las semillas que plantamos hoy serán flores para otros más adelante.

No hay urgencia. Solo la certeza de que vivir es estar en transformación constante.

Una invitación al alma

Hoy te invito a observar tu interior con ojos amables y preguntarte:

¿Qué semilla pequeña late dentro de mí, esperando su momento?

Tal vez es un nuevo hábito, una historia por escribir, una relación por sanar, una idea

que te emociona o simplemente una forma distinta de caminar tus días.

No importa si nadie más lo nota.

Si algo se mueve dentro de ti, ya hay vida creciendo

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Bienvenido a Volver a Vivir con Sentido

Volver a vivir con sentido» es un espacio creado por Lila, después de una vida dedicada al trabajo, los proyectos y el acompañamiento de otros. Hoy, desde la serenidad y la experiencia, comparte su deseo de vivir de una forma más auténtica y plena, recordándonos que después de los 60 no se apaga nada: al contrario, comienza lo mejor. Este blog es una invitación a reconectar con lo esencial, nutrir el alma y descubrir nuevas maneras de dar, crear y amar.