
Porque lo que he vivido, aunque no sea perfecto, me pertenece con toda el alma
Hay momentos en los que uno se detiene a mirar hacia atrás. No por nostalgia, sino por necesidad. Como quien abre un cuaderno antiguo y siente, entre las páginas, el peso de lo vivido. Hay días en que nos descubrimos volviendo a recuerdos que no sabíamos que aún dolían, o que aún iluminan. Y allí, entre lo que fue, lo que pudo ser y lo que aún nos acompaña… comprendemos algo: nuestra historia no necesita ser perfecta para tener valor.
No todo lo que viví fue fácil, pero todo me construyó
Cuando llegamos a esta etapa de la vida, es común pensar: «¿Qué ha sido todo esto que he vivido?»
No siempre encontramos respuestas claras. A veces sentimos orgullo. Otras veces, remordimientos suaves. O incluso vacíos.
Pero si observamos con compasión, nos damos cuenta de que cada etapa cumplió una función.
Hubo momentos que nos sostuvieron y otros que nos desarmaron.
Hubo decisiones que tomamos con certeza, y otras que hoy haríamos distinto.
Y sin embargo, todo eso nos formó. Cada experiencia —incluso las más difíciles— sembró algo en nuestra alma.
No soy solo lo que atravesé, soy lo que aprendí al cruzarlo
Durante años creímos que las cicatrices había que ocultarlas. Pero ahora sabemos que no. Que son parte de lo que somos. Que allí donde dolió, también hay belleza.
Que las heridas no nos definen, pero sí nos enseñan.
A esta edad, no se trata de corregir el pasado. Se trata de honrar lo vivido. De decir:
—»Esto también fui. Esto también viví. Y gracias a eso, hoy puedo comprender, acompañar, estar.»
Mi historia me pertenece. Nadie puede quitármela ni narrarla mejor que yo
Es posible que algunas partes de tu historia nunca hayan sido contadas. O que otros las hayan interpretado desde su mirada. Pero tú sabes cómo fue realmente. Tú sabes lo que sentiste, lo que callaste, lo que superaste.
Eres la única guardiana legítima de tu historia.
Y puedes, si así lo deseas, volver a contarla. No para justificarte. No para corregirla. Sino para abrazarla. Con el amor que ahora sabes darte.
Porque sí: mi historia es un tesoro
No es necesario que sea brillante, ni ejemplar. Solo necesita ser tuya. Verdadera. Sentida.
Lo vivido no se borra. Pero sí puede resignificarse. Y cuando lo hacemos, cuando tomamos lo vivido con ternura, algo cambia:
empezamos a vivir más ligeros, más enteros, más en paz.
¿Y si hoy te dieras permiso para honrar tu historia?
Puedes hacerlo en silencio.
O escribiendo una carta a tu “yo” de hace años.
O compartiendo con alguien una anécdota que nunca contaste.
O simplemente, poniendo tu mano sobre el corazón y diciendo: “Gracias. Lo viví. Lo honro. Y sigo adelante.”
Porque tu historia, así como es,
es uno de los tesoros más sagrados que tienes.
