
Hay momentos en la vida en los que el alma, más que palabras, pide pausas.
Silencios verdaderos. De esos que no incomodan, sino que abren espacio.
Espacio para sentirnos, para recordar quiénes somos cuando el mundo deja de hablar.
Los “Días de Silencio” han existido siempre. En rituales, en religiones, en las artes, en los momentos de duelo, de espera o de revelación. Cada cultura ha encontrado su forma de nombrar ese instante sagrado donde se hace un alto, no por debilidad, sino por sabiduría.
En la tradición cristiana, por ejemplo, el Sábado Santo es uno de esos días en los que todo se detiene. No hay celebraciones, no hay palabras. Solo la esperanza suspendida, la memoria viva.
En Bali, durante el Día del Silencio, las ciudades se apagan por completo y la vida se repliega para renovarse desde adentro.
Y también, en los gestos más pequeños de la vida cotidiana, nosotros —los mayores— sabemos bien lo que es guardar silencio. No por falta de qué decir, sino por respeto a lo vivido, por escucha, por amor.
Silencio no es ausencia, es presencia profunda
En un mundo donde se celebra tanto el ruido, la velocidad y la constante conexión, hacer silencio puede parecer extraño.
Pero quienes hemos vivido ya varias décadas sabemos que el verdadero crecimiento, el que deja huella, sucede en el recogimiento.
Hay silencios que no apagan: sostienen, sanan, despiertan.
A veces, el silencio llega después del dolor. Otras, lo buscamos para pensar, para entender, para reconciliarnos con partes nuestras que necesitan ternura.
Y muchas veces, simplemente aparece como una pausa generosa que nos recuerda que estar a solas no es lo mismo que estar solas.
Arte, música y palabras que también hacen silencio
El arte ha sido siempre un eco del alma.
La canción Días de Silencio de Luis Alberto Spinetta, por ejemplo, utiliza el silencio como símbolo de lucha y de anhelo.
Beatriz Delgado, con su prosa delicada, también escribe sobre esos silencios que resisten, que acompañan.
Y tantas otras obras —cuadros, poemas, relatos— nos invitan a vivir el silencio no como vacío, sino como refugio.
Aquí, en Volver a vivir con sentido, lo abrazamos también como camino. Un día en calma, una mañana sin urgencias, una taza de café en soledad, pueden convertirse en actos de sabiduría interior.
Para quienes ya han vivido mucho… y aún quieren escucharse más
Esta invitación es para ti, que quizás te encuentras en una etapa de la vida donde ya no necesitas tanto demostrar, pero sí sentirte viva.
Para ti, que sabes que el tiempo es valioso, y que un momento en silencio puede ser más nutritivo que una larga conversación sin alma.
Los Días de Silencio no necesitan fecha en el calendario.
Pueden ser hoy.
Pueden ser cinco minutos.
Pueden ser un acto de amor propio.
@volveravivirconsentido
